La última Misa y Muerte de Padre Pío
–"Padre, celebre usted una misa solemne y cantada" –le pidió el padre guardián. Como
era de esperar, obediente, sin fuerzas, no se sabe cómo, pero lo hizo, ayudado
por 3 de sus hermanos, celebró su última misa. Cada paso que daba era un
ataque de asma. Algunos testigos cuentan que le vieron muy enfermo. Trató de
cantar, pero no pudo... Al terminar, estuvo por desplomarse si el padre
Guglielmo no lo hubiera sujetado y ayudado a sentarse en la silla de ruedas. Al
alejarse, dirigió una impresionante mirada a los fieles, y tendiéndoles los
brazos como si quisiera abrazarlos, se despidió con un
susurro: |
|||||||||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||||||||
ULTIMA MISA DE PADRE PÍO Aquel día 22 de septiembre, después de una breve aparición saludando con el pañuelo y bendiciendo con la mano, se retiró a su celda . Sonreía, pero su rostro se veía muy cansado. Dirigiéndose a sus hermanos capuchinos, que lo venían cargando, les dijo: “dentro de poco ya no tendrán que molestarse para acompañarme a decir Misa”, fue una dramática profecía Esa misma noche, a las 21 horas, comenzaba el final de la vida de Padre Pío. A las 22 horas Padre Pío le pregunta la hora a Padre Pellegrino- que lo cuidaba- Recitaba una Ave Maria y le pedía que se quedara junto a él. A las 23 horas Padre Pellegrino se despide de Padre Pío, pero preocupado, se queda despierto en su celda contigua. Padre Pío sigue con su rosario en la mano recitándolo débilmente. A las 0.20 horas del día 23 de septiembre, le pide a Padre Pellegrino que lo confiese y le pide renovar su profesión religiosa y consagración de sí mismo y de su vida y después, con voz lenta y cansada le dice “Si el Señor me llama hoy, pídeles perdón –en mi nombre- a mis hermanos del convento y a todos mis hijos espirituales por las molestias que les di y pídeles una oración por mi alma. Padre Pío estaba incomodo en su cama, casi no podía respirar. Lo sentaron en su silla de ruedas y lo llevaron a la terraza. Llegó su medico y le puso una inyección. No reaccionó. Sus labios se movían lentamente repitiendo la jaculatoria “Jesús, María...” A las 2.09 le pusieron los santos óleos. A las 2.27 cayó de sus manos el rosario. Seguía repitiendo su jaculatoria con gran dificultad. A las 2.30 de
aquel día, 23 de septiembre de 1968, dulcemente, con el rostro sereno lleno de
paz y un rosario entre las manos, el Padre Pío de Pietrelcina entregó su alma a
quien ya se la había ofrecido junto con su vida entera.
Con el doctor Sala presente, los hermanos descubrieron la desaparición de los estigmas; en su lugar, ni una cicatriz, ni una señal quedaba del calvario padecido para gloria de Dios y salvación de los hombres. Durante toda su vida, sólo había buscado una cosa, cumplir la Voluntad de Dios. |
|||||||||||||||||||||
Había trabajado en la viña del Señor desde su primer día hasta el último. Su cuerpo estaba destruido, masacrado por el cansancio y la enfermedad. Había llegado el momento de entregarlo a la tierra, para que subiera –libre- hacia su Señor en la eternidad gloriosa. Comenzaron a tocar las campanas del convento. En pocos minutos toda la ciudad estaba iluminada. Enseguida la noticia se difundió por todo el mundo. De día y de noche permanecieron abiertas las puertas de la iglesia para acoger a las más de cien mil personas que acudieron a San Giovanni Rotondo para verlo por última vez. Los funerales fueron grandiosos e impresionantes. S.S. Pablo VI
pondrá al Padre Pío como ejemplo a los capuchinos:
Esta es la tumba de Padre Pío. Los restos mortales del "fraile de los milagros" reposan bajo este bloque de mármol. Millones de personas vienen cada año a rendirle homenaje, un interminable cortejo de devotos rezan y le piden consuelo, protección, "milagros". Todo está como cuando Padre Pío vivía, nada ha cambiado, sino que, con el tiempo, se ha reforzado. Aquí en San Giovanni Rotondo se tiene la sensación de tocar y ver todavía a Padre Pío, que se encuentra en todos los rincones.
|
|||||||||||||||||||||