Inicio y Bendición * Biografía * Cronología * Casa Sollievo della Sofferenza * Los Estigmas * Su Espiritualidad * Galería de Fotos * Testimonios * Confesiones * Oraciones * Pietrelcina * Lo escrito sobre Padre Pío * Grupos de Oración * Santo Rosario  * Ultima Misa y Muerte * Fenómenos Sobrenaturales y  Carismas Extraordinarios * Presencia de Padre Pío en México  * Beatificación  y Canonización * Obras Colaterales * Publicaciones y Suscripciones * Agradecimientos y Bibliografía

 

BEATIFICACIÓN

El 2 de Mayo de 1999 S.S. Juan Pablo II inscribe entre los Beatos: al Venerable Siervo de Dios Padre Pío di Pietralcina.

EL RITO

 

LA PETICION

Monseñor Vincenzo D'Addario, Arzobispo di Manfredonia-Vieste, se acerca con el Postulador a la cátedra del Santo Padre, y pide que se proceda a la Beatificación del Siervo de Dios Pío de Pietralcina: Beatísimo Padre, el Arzobispo de Manfredonia-Vieste solicita humildemente a Su Santidad que inscriba en el número de los Beatos al Venerable Siervo de Dios Pío de Pietralcina.

 

LA FORMULA

Nos, aceptando el deseo de Nuestro Hermano Vincenzo D'Addario, Arzobispo de Manfredonia-Vieste, y de otros muchos Hermanos en el Episcopado y de numerosos fieles, y habiendo recibido el dictamen de la Congregación de las Causas de los Santos, con Nuestra Autoridad Apostólica concedemos que el Venerable Siervo de Dios Pío de Pietralcina se llame en adelante Beato y que pueda celebrarse su fiesta en los lugares y según las normas establecidas por el derecho, cada año, en el día de su llegada al cielo, el 23 de septiembre. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

 

EL AGRADECIMIENTO

Beatísimo Padre, el Arzobispo de Manfredonia-Vieste agradece a Su Santidad haber proclamado Beato hoy al Venerable Siervo de Dios Pío de Pietralcina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CANONIZACION

El 16 de Junio de 2002 el Santo Padre Juan Pablo II inscribe entre los Santos al Beato Padre Pío.

EL RITO

 

LA PETICION

El cardinal José Saraiva Martins, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, acompañado por el Postulador, llega hasta el Santo Padre y pide que se proceda con la Canonización del Beato Padre Pío da Pietralcina.

"Beatísimo Padre", la Santa Madre Iglesia pide que Su Santidad inscriba al Beato Padre Pío da Pietralcina entre los Santos, y como tal sea invocado por todos los cristianos.

 

LA FORMULA

"En honor de la Santísima Trinidad, para la exaltación de la fe católica y el incremento de la vida cristiana, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y de la Nuestra, tras haber reflexionado largamente, invocada más de una vez la ayuda divina y escuchado el parecer de muchos de nuestros Hermanos en el Episcopado, declaramos y definimos a Padre Pío da Pietrelcina y lo inscribimos entre los Santos y establecemos que en toda la Iglesia se le honre con devoción entre los Santos.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

EL AGRADECIMIENTO

El cardinal José Saraiva Martins, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, con el Postulador, da las gracias al Santo Padre:

Beatísimo Padre, en nombre de la Santa Iglesia doy las gracias a Su Santidad por la proclamación y Le ruego que quiera disponer que se redacte la Carta Apostólica acerca de la Canonización que se ha llevado a cabo.

El Santo Padre responde:
Lo ordenamos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

.

 Fuente : Revista   La  Voz de Padre Pío

 

 

Oración y caridad: síntesis de su testimonio
Homilía de Juan Pablo II en la canonización del Padre Pío
CIUDAD DEL VATICANO, 16 junio 2002

1. «Mi yugo es suave y mi carga ligera» (Mateo 11, 30).

Las palabras de Jesús a los discípulos, que acabamos de escuchar, nos ayudan a comprender el mensaje más importante de esta celebración. Podemos, de hecho, considerarlas en un cierto sentido como una magnífica síntesis de toda la existencia del padre Pío de Pietrelcina, hoy proclamado santo.

La imagen evangélica del «yugo» evoca las muchas pruebas que el humilde capuchino de San Giovanni Rotondo tuvo que afrontar. Hoy contemplamos en él cuán dulce es el «yugo» de Cristo y cuán ligera es su carga, cuando se lleva con amor fiel. La vida y la misión del padre Pío testimonian que las dificultades y los dolores, si se aceptan por amor, se transforman en un camino privilegiado de santidad, que se adentra en perspectivas de un bien más grande, solamente conocido por el Señor.

2. «En cuanto a mí... ¡Dios me libre gloriarme si nos es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo» (Gálatas 6, 14).

¿No es quizá precisamente la «gloria de la Cruz» la que más resplandece en el padre Pío? ¡Qué actual es la espiritualidad de la Cruz vivida por el humilde capuchino de Pietrelcina! Nuestro tiempo necesita redescubrir su valor para abrir el corazón a la esperanza. En toda su existencia, buscó siempre una mayor conformidad con el Crucificado, teniendo una conciencia muy clara de haber sido llamado a colaborar de manera peculiar con la obra de la redención. Sin esta referencia constante a la Cruz, no se puede comprender su santidad.

En el plan de Dios, la Cruz constituye el auténtico instrumento de salvación para toda la humanidad y el camino explícitamente propuesto por el Señor a cuantos quieren seguirle (Cf. Marcos 16, 24). Lo comprendió bien el santo fraile de Gargano, quien, en la fiesta de la Asunción de 1914, escribía: «Para alcanzar nuestro último fin hay que seguir al divino Jefe, quien quiere llevar al alma elegida por un solo camino, el camino que él siguió, el de la abnegación y la Cruz» («Epistolario» II, p. 155).

3. «Yo soy el Señor que actúa con misericordia» (Jeremías 9, 23).

El padre Pío ha sido generoso dispensador de la misericordia divina, ofreciendo su disponibilidad a todos, a través de la acogida, la dirección espiritual, y especialmente a través de la administración del sacramento de la Penitencia. El ministerio del confesionario, que constituye uno de los rasgos característicos de su apostolado, atraía innumerables muchedumbres de fieles al Convento de San Giovanni Rotondo. Incluso cuando el singular confesor trataba a los peregrinos con aparente dureza, éstos, una vez tomada conciencia de la gravedad del pecado, y sinceramente arrepentidos, casi siempre regresaban para recibir el abrazo pacificador del perdón sacramental.

Que su ejemplo anime a los sacerdotes a cumplir con alegría y asiduidad este ministerio, tan importante hoy, como he querido confirmar en la Carta a los Sacerdotes con motivo del pasado Jueves Santo.

4. «Tú eres, Señor, mi único bien».

Es lo que hemos cantado en el Salmo Responsorial. Con estas palabras, el nuevo santo nos invita a poner a Dios por encima de todo, a considerarlo como nuestro sumo y único bien.

En efecto, la razón última de la eficacia apostólica del padre Pío, la raíz profunda de tanta fecundidad espiritual, se encuentra en esa íntima y constante unión con Dios que testimoniaban elocuentemente las largas horas transcurridas en oración. Le gustaba repetir: «Soy un pobre fraile que reza», convencido de que «la oración es la mejor arma que tenemos, una llave que abre el Corazón de Dios». Esta característica fundamental de su espiritualidad continua en los «Grupos de Oración» que él fundo, y que ofrecen a la Iglesia y a la sociedad la formidable contribución de una oración incesante y confiada. El padre Pío unía a la oración una intensa actividad caritativa de la que es expresión extraordinaria la «Casa de Alivio del Sufrimiento». Oración y caridad, esta es una síntesis sumamente concreta de la enseñanza del padre Pío, que hoy vuelve a proponerse a todos.

5. «Te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque... estas cosas... las has revelado a los pequeños» (Mateo 11, 25).

Qué apropiadas parecen estas palabras de Jesús, cuando se te aplican a ti, humilde y amado, padre Pío.

Enséñanos también a nosotros, te pedimos, la humildad del corazón para formar parte de los pequeños del Evangelio, a quienes el Padre les ha prometido revelar los misterios de su Reino.

Ayúdanos a rezar sin cansarnos nunca, seguros de que Dios conoce lo que necesitamos, antes de que se lo pidamos.

Danos una mirada de fe capaz de capaz de reconocer con prontitud en los pobres y en los que sufren el rostro mismo de Jesús.

Apóyanos en la hora del combate y de la prueba y, si caemos, haz que experimentemos la alegría del sacramento del perdón.

Transmítenos tu tierna devoción a María, Madre de Jesús y nuestra.

Acompáñanos en la peregrinación terrena hacia la patria bienaventurada, donde esperamos llegar también nosotros para contemplar para siempre la Gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!

 

 

Inicio y Bendición * Biografía * Cronología * Casa Sollievo della Sofferenza * Los Estigmas * Su Espiritualidad * Galería de Fotos * Testimonios * Confesiones * Oraciones * Pietrelcina * Lo escrito sobre Padre Pío * Grupos de Oración * Santo Rosario  * Ultima Misa y Muerte * Fenómenos Sobrenaturales y  Carismas Extraordinarios * Presencia de Padre Pío en México  * Beatificación  y Canonización * Obras Colaterales * Publicaciones y Suscripciones * Agradecimientos y Bibliografía