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EN LA ESCUELA ESPIRITUAL DEL PADRE PÍO DE PIETRELCINA

A LA SOMBRA DE LA CRUZ

 “Un día cuando nos sea dado ver la luz del pleno mediodía, entonces conoceremos qué valor, qué tesoros hayan sido los sufrimientos terrenos que nos han hecho ganar la patria que nunca tenderá fin. De las almas generosas y enamoradas de Dios se esperan los heroísmos y la fidelidad para llegar, después de la subida al Calvario, al Tabor”.

 Estas palabras, escritas en el mes de marzo de 1948 por el Padre  Pío a una religiosa carmelita descalza, encierran en síntesis la orientación de un programa de espiritualidad centrado en el misterio de la pasión y muerte de Jesús y por él aprendido y enseñado “en la escuela del dolor”, del sacrificio y de la cruz en la cual nuestras almas pueden sólo santificarse”.

 En esta cátedra el Padre Pío adquirió sus dotes inconfundibles de auténtico maestro del espíritu, llegando a formar una legión “de almas generosas y enamoradas de Dios”, nutridas con la sabiduría de la Cruz. Con el ejemplo y la palabra impulsaba a las almas confiadas a su cuidado a seguir las enseñanzas de esta “escuela”. Con una metodología propia y una estrategia simple pero eficaz lograba exponer claramente una doctrina bastante profunda y no menos difícil como necesaria para el desarrollo armónico de la vida cristiana. 

Con frecuencia el Padre Pío en las cartas a sus hijas espirituales, desarrolla todo un programa de dirección espiritual centrado en el misterio de la cruz. Y tal vez en ningún otro campo de su pedagogía ascético-mística ha alcanzado cimas tan elevadas, como en éste. Si fue profunda su visión teológica de la cruz en la actual economía de la gracia, fue también insuperable su metodología en la formación de las almas acerca de esta verdad fundamental del cristianismo para conducirlas sabia y eficazmente, siguiendo las huellas ensangrentadas del Señor crucificado. 

Textos que revelan la fuerza insuprimible de la cruz: 

“Ten en tu corazón a Jesús crucificado y todas las cruces del mundo te parecerán rosas. Aquellos que han sentido las punzadas de la corona de espinas del Salvador, que es nuestra cabeza, de ningún manera sienten otras heridas”. 

El prototipo, el ejemplar en el cual es preciso mirarse y modelar nuestra vida es Jesucristo; pero Jesús ha escogido por bandera la cruz, por ello quiere que todos sus discípulos sigan la ruta del calvario, llevando la cruz para después morir en ella. Sólo por este camino se llega a la salvación”.

 “Es preciso humillarse, viendo que somos tan poco dueños de nosotros mismos y amamos tanto la comodidad y la quietud. Ten siempre presente delante de tus ojos: El no vino para descansar ni para tener comodidades espirituales ni temporales, sino para luchar, mortificarse y morir”

ESPIRITUALIDAD EUCARÍSTICA

El Padre Tiberio Munari, Misionero xaveriano, en su libro EL BEATO PADRE PÍO, Profeta de nuestro tiempo, de manera extraordinaria nos dice:

"EL SACERDOTE

El escritor Graham Green dijo que nunca podría olvidar dos misas: la que había visto celebrar en San Giovanni Rotondo por el Padre Pío y la celebrada por el Vicario de Cristo bajo la cúpula de San Pedro (1)

(1) toda esta parte que trata de la misa del Padre Pío está sacada de la revista La voz de Padre Pío de octubre-noviembre 1994. 

Gentes de todas las partes del mundo acudían a San Giovanni Rotondo para participar en aquella misa. Impulsados por la fuerza irresistible del Espíritu Santo, después de esperar impacientes toda la noche en la explanada de la iglesia, los peregrinos, al abrirse las puertas del templo, irrumpían tumultuosamente en la casa de Dios y se apiñaban en torno al altar para ver de cerca al estigmatizado Padre Pío celebrar la santa misa.

Cristo crucificado se hacía presente visiblemente en la persona de su ministro: su pasión y muerte se reflejaba durante la celebración del sacrificio del Calvario, celebrada por su sacerdote que en aquel momento le prestaba voz, manos y corazón.

El Padre Pío, llevando continuamente en su cuerpo los padecimientos de Jesús, vivía en su carne una vida que era signo visible de la vida que vivía en la fe; ya no era él que vivía, era el Señor quien vivía con él de forma tan completa que estaba físicamente clavado con Cristo en la cruz.

Cuando celebraba la misa, el aspecto exterior de este Siervo de Dios impresionaba, arrebataba y conmovía profundamente. La misa del Padre Pío ha sido siempre un misterio.

LA VÍCTIMA

El Padre Pío, al mismo tiempo de ser sacerdote en la celebración de la misa era también víctima con Cristo. La "Imitación de Cristo" dice que toda la vida de Cristo fue cruz y martirio, desde cuando vino al mundo hasta el Calvario.

A imitación de Cristo, también Padre Pío vivía en absoluto y total estado de víctima. Un confidente un día le preguntó:

-Padre, ¿cuándo sufre?

-Siempre, hijo mío . Desde el seno de mi madre

-¿Sufre mucho, Padre?

-Todo lo que puede sufrir quien carga con la humanidad entera.

El estigmatizado de San Giovanni Rotondo es para Jesús una "Humanidad suplementaria" en la que Cristo puede seguir sufriendo para gloria del Padre y las necesidades de la iglesia.

La Señorita Cleonice Morcaldi, unos días antes que el Padre Pío muriera, le preguntó:

-¿Cómo se siente, Padre?

-¡Mal, mal, mal! -le respondió

-¿Qué sufre? -volvió a preguntarle la hija espiritual.

-¡Todo, todo, todo!

-¿Al fin está usted saciado de tanto sufrimiento?

-¡Es el pan de cada día, es mi delicia!

-Pero Padre, la culpa es de usted, porque tuvo la imprudencia de ofrecerse víctima no sólo por la iglesia y por Italia, sino por todo el mundo.

-Bueno, era también necesario encontrar a un tonto como yo que aceptara.

Así, con una broma, este hombre de Dios, intentaba ocultar el drama de sus heroicos sufrimientos.

PREPARACIÓN A LA SANTA MISA

Los peregrinos que se apiñaban alrededor del altar del Padre Pío no conocían los pormenores de su preparación al santo Sacrificio de la misa.

El Padre Pío pasaba las horas silenciosas de la noche disponiéndose a la Pasión de Jesús que iba a repetir en la misa la mañana siguiente. Le preguntaron:

-Padre, cuando por la noche se retira a la celda después de las oraciones, ¿qué hace?

-Sigo rezando y sufriendo.

-Usted duerme poco ¿qué hace durante la noche?

-La voluntad de Dios

Y la voluntad de Dios era que reviviera paso a paso la agonía de Jesús en el huerto del Getsemaní, el proceso ante Pilatos, el camino al Calvario y el sacrificio de la cruz. El Padre Pío empezaba la pasión del Señor desde el huerto de los Olivos.

-Padre, ¿agoniza Usted como Jesús en el Huerto?

-SÍ, por cierto.

-¿También a Usted viene a consolarlo el ángel, lo mismo que a Jesús?

-Si

-¿Qué fiat pronuncia usted?

-El de sufrir, sufrir siempre por mis hermanos de destierro y por el reinado de Dios.

Una camisa usada de noche por el Padre  Pío está empapada de sangre, prueba de la durísima flagelación que de noche sufría el Padre. Le preguntaron:

-Padre, durante la flagelación nocturna, ¿está usted solo o lo asiste alguien?

-Me asiste la Santísima Virgen; todo el paraíso está presente.

Existe también una venda usada por el Padre Pío, para enjugar la sangre que le brotaba de la cabeza. Está llena de surcos de la sangre de la corona de espinas. Le preguntaron:

-Con la coronación espinas, ¿qué pecados expió Jesús?

-Todos. especialmente los que se cometen con el pensamiento, sin excluir los pensamientos vanos e inútiles.

-Padre, ¿tiene usted espinas en la frente o alrededor de la cabeza?

-Todo alrededor de la cabeza

-Padre ¿cuántas espinas forman su corona?¿treinta?

-¡Ya lo creo!

-Padre, ¿Es cierto que durante la misa usted sufre el suplicio de la coronación de espinas?

-¿Lo pones en duda? La diadema no se deja nunca.

Como en el proceso civil de Cristo, tampoco podía faltar en torno al Padre  Pío una muchedumbre alborotada gritando el "Crucifícalo". Le preguntaron:

-Padre Usted dijo también: "Y gritarán ¡Crucifícalo!, ¡Crucifícalo!", ¿quienes gritarán?

-Los hijos de los hombres y precisamente los que han recibido favores.

Con el rosario en la mano, apoyado siempre en el brazo de un hermano, el Padre  Pío, por fin en la madrugada entraba en la sacristía para revestirse con los sagrados ornamentos y dirigirse al altar. Era éste su camino al Calvario.

-Padre,  ¿sufre también usted lo que sufrió Jesús en el camino al Calvario?

-Lo sufro, sí pero falta mucho para llegar a lo que sufrió el Divino maestro.

LA CELEBRACIÓN DE LA SANTA MISA

Si tal era de dolorosa la preparación a la misa ¿qué habrá sido la celebración? Empezaba las palabras "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" con un nudo en la garganta intentando reprimir un llanto que no lograba refrenar del todo.

Acompañaba el "Por mi culpa" del "Yo confieso" con golpes de pecho, sordos, acompasados, para confesar ante la comunidad de los hermanos que era el mayor pecador del mundo. Durante las lecturas era fácil verlo llorar.

-¿Por que llora Padre, al leer el Evangelio de la misa?

-¿Te parece poco que Dios converse con sus creaturas? ¿y que éstas no lo escuchen? ¿y que no dejen de herirlo con su ingratitud y su incredulidad?

-Y  ¿por qué llora en el ofertorio?

-¿Quieres arrancarme el secreto? pues bien es el momento en que el alma queda separada de todo lo profano.

Sin embargo esta separación de lo profano no significaba para el Padre Pío desinterés por las personas que estaban a su alrededor, todo lo contrario, porque este desapego total le daba al Padre Pío la posibilidad sobrehumana de sentir, una a una, a todas las almas que rodeaban su altar.

El momento más intenso de dolor que el Padre Pío sufría era desde la consagración a la comunión. Le preguntaron:

-Padre ¿por qué sufre tanto durante la consagración?

-¿Me preguntas por qué sufro? Quisiera derramar no lágrimas, sino torrentes de lágrimas.¿no te das cuenta del tremendo misterio? ¡Dios,  víctima de nuestros pecados!.. Y nosotros somos su verdugos.

Con frecuencia el Padre Pío, durante la misa sufría la amargura de la hiel.

-Padre, cómo se sostiene de pie en el altar?

-Como se sostenía Jesús en la cruz.

¿-Quiere decir usted, que en el altar está colgado de la cruz como Jesús en el calvario?

-¿Y me lo preguntas?

-¿Cómo usted puede sostenerse?

-Te repito, como se sostenía Jesús en el Calvario.

 Acerca de la crucifixión le preguntaron:

-Los verdugos, para remachar los clavos, ¿dieron vuelta a la cruz?

-Naturalmente

-¿También a usted le remacharon los clavos?

-¡Ya lo creo!

El Padre Pío clavado en la cruz como su Maestro, durante la misa, pronunciaba las mismas palabras de Jesús . Le  gustaba dirigirse a la Virgen con las palabras  de Jesús en la cruz:  Aquí tienes a los hijos de tu Hijo.

-¿Qué hacía la Virgen a los pies del crucificado?

-Sufría viendo sufrir a su Hijo. Ofrecía al Padre  celestial sus penas y los dolores de Jesús por nuestra salvación.

El Padre Pío sufría el abandono del Padre y la sed hasta la comunión, momento culminante de la misa. Inclinado sobre el altar, apretando el cáliz entre las manos y con el Señor en su corazón, completamente enajenado, permanecía largos minutos con Jesús, sin escatimar tiempo.

LA COMUNIÓN

Para el Padre Pío la comunión era toda una misericordia interior y exterior de Dios, un abrazo total de Jesús.

-Padre, ¿dónde lo besa Jesús?

-Me besa todo entero

-¿Qué hace Jesús en la comunión?

Se deleita con su creatura. La comunión es como una fusión, como dos cirios que se funden juntos y ya no se pueden distinguir.

-Padre ¿por qué llora al hacer la comunión?

-Si la iglesia, al hablar de la encarnación, exclama:"Tú no desdeñaste el seno de la Virgen"¿Qué decir de nosotros miserables?

-¿Sufre también durante la comunión?

-Es el punto culminante.

-¿Y después de la comunión sus sufrimientos continúan?

-Sí pero son sufrimientos de amor.

-Padre, ¿dónde dirigió su última mirada Jesús agonizante?

-Hacia su Madre.

-Y usted ¿dónde la dirige?

-Hacia mis hermanos.

-Padre, usted dijo que en la comunión la víctima muere. ¿Lo depositan a usted en los brazos de la Virgen, como Jesús?

-No, en  los de san Francisco.

Así era la misa  del Padre Pío. A ella asistían no solamente las personas que estaban alrededor del altar, sino todo un mundo celestial.

-Padre ¿asiste a su misa la Santísima Virgen?

-¿Crees tu que la Madre no se interesa por su Hijo?

-¿Los ángeles asisten a su Misa?

-¡En legiones!

-¿Qué hacen?

-Adoran y aman.

Terminada la misa, Padre Pío, con el deseo seguía crucificado en el altar.

-Si de mí dependiera, nunca bajaría del altar.

-"Cuando vayas a misa -concluye diciéndonos Padre Pío- concéntrate al máximo en el tremendo misterio que se está celebrando en tu presencia: la redención de tu alma y la reconciliación con Dios. Asistan a la misa como asistieron la Santísima Virgen, las piadosas mujeres y san Juan ."

 

ESPIRITUALIDAD MARIANA

En otra parte de su libro, el Padre Tiberio Munari nos explica la Espiritualidad mariana de Padre Pío, con las siguientes palabras:

LA DEVOCIÓN A LA VIRGEN

La devoción de su infancia

Un verdadero retrato de Padre Pío estaría incompleto si no se diera el debido realce a su devoción mariana.

Cuando niño, Francisco entraba en la iglesia de Pietrelcina a saludar a la Virgen de la "Libera". En 1901, cuando tenía 14 años, fue a visitar el santuario de nuestra Señora del Rosario de Pompeya, con otros 7 compañeros de escuela y acompañados por el maestro Don Ángel. El 6 de mayo de 1913 escribe al P. Agustín, su director espiritual: "Esta Madre tan tierna, en su gran misericordia, sabiduría y bondad ha querido verter en mi corazón tantas y tales gracias que, cuando me hallo en su presencia y en la de Jesús, me siento estrechamente unido y ligado al Hijo por medio de esta Madre!":

El Mes de mayo dedicado a María

El Padre Pío llamaba el mes de mayo: "el mes de la hermosa mamita". El 1 de mayo  de 1912, él escribía a su padre espiritual: "¡oh el hermoso mes de mayo! El más bonito del año. Si, padre mío ¡este mes nos recuerda muy bien las dulzuras y la belleza de María! Pensando en los muchos beneficios que me ha hecho esta querida Mamita, tengo vergüenza de mí mismo por no haberla amado y servido lo bastante: en cambio, a sus cuidados afectuosos he respuesto con ingratitudes"

"El mes de mayo para mí es el mes de las gracias y este año espero recibir dos: que me recoja consigo para no seguir viendo esas caras feas (demonios); la otra, usted la conoce. Quisiera tener una voz poderosa para invitar a todos los pecadores del mundo a amar a la Virgen"

Para mostrar su devoción a la Virgen y obtener más fácilmente sus gracias, él le ofrece sus sacrificios. El 21 de julio de 1913, escribe al padre espiritual: "Le pido el permiso de abstenerme de la fruta el miércoles en honor de la Virgen" y el 6 de enero de 1917 le pide el permiso de ayunar dos veces por mes, una vez en honor de la Virgen y la otra en honor de San Antonio.

"Su amor a la Virgen era muy grande -cuenta un sacerdote-. Recuerdo que una vez le pedimos a Padre Pío, en la fiesta de la Asunción, un pensamiento sobre la Virgen para ese día. Se le iluminó el rostro y sollozando nos dijo:"Hijos míos amemos a la Virgen. Ella (y aquí se emocionó)  es nuestra Madre". También nosotros nos pusimos a llorar, confundidos y humillados ante a tanto amor".

Un día Cleonice Morcaldi, su hija espiritual, le preguntó a Padre Pío:

- Padre, ¿la Virgen viene uno que otro día a su celda?

-Mejor di -le contestó Padre Pío- si algún día no viene...

-¿Se le aparece como en Lourdes?- siguió preguntando atrevida Cleonice

-Eh, si. Allá se apareció ., pero aquí nada.

-¡Oh qué paraíso, Padre" Dígame un pensamiento sobre la grandeza de María para que me anime a amarla.

-¿No te basta saber que es Madre de Dios?¿Que todos los ángeles y santos no llegan a alabarla dignamente? Dios es el Padre del Verbo, María es la Madre del Verbo, hecho carne. Nada nos concede el Señor si no pasa por las manos de la Reina del Cielo. Si Dios es la fuente de agua viva, María es el acueducto que la lleva a nosotros. Ámala en la tierra y la contemplarás en el cielo.

Su arma preferida

Su amor a la Virgen se expresaba en particular por el rezo del Santo rosario que llevaba siempre enrollado en la mano o en el brazo, como si fuera un arma siempre empuñada.

Una tarde Padre Pío estaba en cama y lo asistía su sobrino Mario. El tío le dijo:

-Mario, tráeme el arma.

El sobrino buscó por aquí y por allá en la celda, sobre la mesa, en el cajón.

-Pero tío, no encuentro ninguna arma.

-Mira en el bolsillo de mi hábito.

El sobrino hurgó en el amplio bolsillo, y nada.

-Tío está sólo la corona del rosario.

-Tonto-, ¿no es esa el arma?

-"Toma esta arma", le había dicho una vez en sueño la Virgen.

Sus cohermanos llamaban a Padre Pío "El rosario viviente" ¿hay oración mas bella -decía él- que aquella que nos enseñó Ella misma? Recen siempre el rosario".

Y con el rosario en la mano, pronunciando dulcemente los nombres de Jesús y María, entregó su hermosa alma a Dios.

Le gustaba al Padre Pío contar ese sueño:

"Una noche soñé que estaba asomado a la ventana del coro y veía la plaza llena de gente. Les grité:

-¿Qué quieren?-La muerte de Padre Pío-contestaron

-Ah, entonces ustedes son comunistas! -les dije yo, y me metí al coro.

En aquel momento me viene al encuentro la Virgen y me dice:

-No le tengas miedo, aquí estoy yo. Toma esta arma, vuelve a la ventana y úsala.

Yo obedecí y todos se cayeron muertos.

"En nombre de la Virgen te curarás"

Una joven enfermera de Bolonia fue hospitalizada en octubre de 1952 por una forma nefrítica muy grave, necesitando la operación. Una noche le apareció en sueño Padre Pío diciéndole."En nombre de la Virgen María tus riñones desde este momento, no sangrarán más" y la avisó que volvería. La mañana siguiente los médicos la encontraron clínicamente curada y la dieron de alta. Sin embargo ella dijo que los médicos la habían curado.

Se le apreció nuevamente Padre Pío, muy serio, reprochándole su mentira. "Ha sido la Virgen quien vino a curarte, recuérdate y repíteselo a todo el mundo, porque hay muchas jóvenes de tu edad que se están perdiendo, pero cuando sepan lo que te ocurrió, podrán rehabilitarse".

"¿Quién no recuerda -escribe Curci- la oración de la "Visita de María Santísima" que Padre Pío rezaba todas la tardes, delante del Santísimo Sacramento? su corazón latía por Ella, y su alma se enternecía hasta las lágrimas cuando llegaba a aquella palabras  "No me desampares mientras no me veas salvo en el cielo, bendiciéndote y cantando tus misericordias por toda la eternidad".

El 1959 llegó a Italia, procedente de Fátima, la estatua de  la Virgen Peregrina  que visitaba varias ciudades de la Península. El 5 de agosto llegó a San Giovanni Rotondo. Padre Pío estaba enfermo y ni siquiera  podía celebrar. El se detuvo por mucho tiempo delante de la sagrada imagen y le puso entre las manos su rosario, gesto que arrancó lágrimas a los presentes.

Cuando el helicóptero se levantó de la terraza del hospital, llevándose la Virgen Peregrina, Padre Pío la llamó por su nombre y se quejó amorosamente:

-"Madrecita linda, has llegado a Italia y me he enfermado; ahora te vas y me dejas enfermo".

En aquel instante sintió como un escalofrío que le corrió por todo el cuerpo. Gritó:

-Estoy curado! La Virgen me ha curado.

En efecto, se curó de su pleuresía y nunca se sintió tan sano ni tan fuerte en toda su vida. El mismo afirmó:

-La Virgen vino hasta aquí porque quería curarme.

Amor concreto y profundo

La Virgen introdujo a Padre Pío en el misterio de la cruz. El escribió al Padre Agustín, su director espiritual:"La Virgen dolorosa nos obtenga de su santísimo Hijo que ahondemos cada vez más  en el misterio de la cruz y nos embriaguemos con ella en los padecimientos de Jesús. Que nos consiga el amor a la cruz, a sus padecimientos y a sus dolores. Que María, que fue la primera en practicar el Evangelio en toda su perfección, nos obtenga también la ayuda de llegar junto a Ella. Asociémonos siempre a esta querida Madre, salgamos con Ella junto a Jesús fuera de Jerusalén":

La Virgen lo introdujo también en el misterio eucarístico. Escribió "Pobre Madrecita, cuanto me quiere. Lo he contemplado con renovado fervor al comienzo del más hermoso mes. Con qué cariño me ha acompañado hasta el altar esta mañana. Me ha parecido que Ella no tuviese  ni siquiera en quien pensar sino sólo en mí, al llenarme el corazón de santos afectos".

Padre Pío no soportaba que se pusiera en duda los privilegios de María.

Un día oyendo hablar de ciertos errores que circulaban en algunas escuelas teológicas y revistas, referentes a la virginidad de María y a la interpretación de su Anunciación, él se fue de allí pidiendo al padre superior que le excusara: "Me marcho -dijo- porque me hace mucho mal oír ciertas cosas".

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